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Me atrevería a decir que todas en algún momento de nuestra vida hemos entrado y mantenido una de ellas, de forma inconscientemente. Hoy quiero traerte tres tipos de relaciones tóxicas que pueden darse en las relaciones de pareja según el «triángulo dramático» de Karpman. 

Déjame que te haga estas preguntas para ir entrando en materia: 

¿Sueles tener el mismo relaciones? ¿Sientes que la historia se repite? ¿Eres la salvadora de tus parejas? ¿La perseguidora? ¿O te sientes víctima de ellas y que se aprovechan de ti?

¿Qué debemos tener en cuenta de las relaciones tóxicas?

Cuando «caemos» en ellas es porque repetimos patrones dentro de la relación de forma inconsciente y repetitiva. A veces, si no somos conscientes y hacemos por «solucionar» podemos seguir reproduciendo el modelo en diferentes parejas. Esos casos de coachees que me encuentro de «siempre me pasa lo mismo, con todos es igual». 

Son patrones que reproducimos tanto de verbal como no verbal: conductas, gestos, verbalizaciones. Normalmente adquiridas en la infancia para que pudiéramos sobrevivir emocionalmente a esa etapa. Si papá estaba ocupado pues tenía que reclamar la atención de algún modo: lloraba, o quizás era visto si me portaba bien y hacía lo que me decía, o tenía que dejar de estar para que se me echará de menos…

Por lo que, ahora son nuestros modelo y buscamos confirmar esas creencias porque es lo que conocemos. Lo tres roles de los que vamos a hablar son

  • Modelos erróneos de conseguir amor, en definitiva. 
  • Siempre conllevan a desgaste emocional. 
  • Generan dependencia. 
  • Le damos el rol a la otra persona de regular nuestro bienestar emocional.
  • Es un juego de dos. Somos co-creadores de la realidad. Si yo te salvo es porque tú me dejas que lo haga, si te persigo es porque juegas a huir…etc.
  • Podemos tener más de un rol. 

 

 

«SI DUELE, NO ES AMOR». SILVIA CONGOST. 

 

El/ la salvador/a (y su pareja el/la salvado/a). 

Este rol suele ser el ocupado por las mujeres. ¡El peso cultural del rol femenino por excelencia la cuidadora, la salvadora…se come al mujeron que eres!

Y ahí estás tú: dando, cuidando, protegiendo…¡qué bien te sientes porque sientes que él otro te necesita en su vida! Al otro le viene bien, y a mí: también porque alguien me necesita.  ¿Todos felices? ¡No!

Estamos creando una de esas relaciones tóxicas. «Estás mal, yo te salvaré, me perderé contigo, dejaré de verme a mí…Si en algún momento me canso y me quiero ir, sentiré tanta culpa que no lo haré». 

Son los casos típicos de parejas que una de las partes tiene problemas de adicción: «me quedo porque, pobrecito, ¿cómo voy a dejarlo con este problema? Yo le ayudo.» 

La persona salvadora atiende antes a los problemas de los demás que los suyos, porque no se siente capaz de responsabilizarse de su vida. En realidad, le encantaría que alguien asumiera los suyos. De hecho, lo espera inconscientemente. 

¿Ves el equilibrio? No lo hay. En una relación que no se sostiene el equilibro no puede haber bienestar. La ausencia de bienestar es malestar. Si hay malestar y seguimos…Toxicidad. 

En las relaciones de equilibrio, yo me hago responsable de mi vida y tú de la tuya, juntos: de nuestra vida en común, de la parcela que creamos juntos. 

 

El/ la perseguidor/a (y su pareja el/la huidiza). 

«Cuando empezamos él siempre iba detrás de mi, me escribía, me llamaba a todas horas… Hasta que me enganché y él empezaba a desaparecer…, yo más me enganchaba». 

De este tipo de dinámica ya hablamos desde la teoría del apego: relación tóxica si no somos conscientes de las dinámicas que se crean. Donde podemos intercambiar los papeles constantemente: de huidizo a perseguidor, etc…

El perseguidor trabaja bajo el lema de «haz antes de que te hagan». Busca satisfacer sus intereses y para ello trabaja con esquemas rígidos: «debe ser como yo digo». Puede ser activo, va a por sus necesidades; vengativo, castiga para tener la sensación de triunfo, y pasivo, él no hace su parte para suplir su necesidad y provoca en los demás ansiedad.

 

 

Y el huidizo se queda buscando estrategias para que el otro venga a por mi para demostrar lo genial que soy y lo mucho que merezco la pena para que me quieras como yo quiero. Y en ese intento se cae en conductas tóxicas para uno mismo y para la relación porque no se puede mantener en base a estrategias tipo: «no le contesto el mensaje para hacerme de rogar». Consiguiendo así solo aumentar así solo su ansiedad porque a su perseguidor no es su necesidad. Por eso no me cansaré de decir que atendamos nuestras necesidades es absolutamente necesario para que una relación funcione. 

El/ la víctima (y su pareja el/la verdugo)

La víctima actúa desde el resentimiento, de posicionarse en la queja, en la indefensión de las circunstancias y de los actos de su pareja. Por lo tanto, se posiciona automáticamente por debajo de su pareja. 

A veces, la víctimas toman malas decisiones de forma habitual para seguir en este papel, sienten culpa interior y siguen perforando así su baja autoestima. 

En pareja se usan discursos como «no puedo hacer nada si él no cambia», con lo que el verdugo le da pie a excursarse de su comportamiento culpabilizando al otro «es que si no fueras así…». Haciendo que las víctimas lleguen a dudar verdaderamente si son ellas, o su parejas, y asumiendo siempre que es el otro el que debe dar el primer paso. ¿Ves el bucle?

Yo que ya vengo tocada de mi autoestima, que siento que necesito a otro para tomar buenas decisiones, tú no me das lo que yo necesito y no me voy, me quedo porque el rol que yo necesito reafirmar por mi historia de vida es el de víctima (que, ojo, ¡yo no lo quiero pero inconscientemente esto tú SÍ me lo das!). Y a la vez, tú, mi verdugo me haces sentir que hay algo mal en mí…

¿Podemos salir de estos patrones que fomentan relaciones tóxicas?

Lo primero será darnos cuenta de si estos patrones están en mi de manera constante. Y cuando eso pasa, normalmente da miedo y nos asustamos cuando eso pasa trato de hacer lo contrario,  por lo tanto lo contrario me hace asumir el otro rol justo (presentados arriba como pareja). 

No es sencillo pero voy a darte algunos pequeños tips.

Tips para alejarme para detener mi rol. 

  • No temas de ti. No entres en pánico porque eso no te guste que esté en ti. No solucionarás nada. Querrás tapar ese miedo con algo. Seguramente con otra relación porque ese miedo a verte, hará que tengas también miedo a la soledad.

Eso forma parte de ti, y es porque lo aprendiste y necesitaste. Eso sí, puedes hacer algo para que deje de ser parte de ti: ocuparte. No eres la única que le ha pasado. 

  • Cuando te des cuenta que caes en tu rol, deja de hacer. No es que tengas que hacer lo contrario es que tienes que dejar de hacer. Te pongo ejemplo. Soy la salvadora de mi pareja. Llega a casa contándome un problema en el trabajo y ahí estoy yo buscando la solución, dándosela. Muchas veces nada de lo que decimos es buena idea: puede ser que realmente no lo sea (porque ayudamos sepamos o no, ¡es mi papel!),  porqué el otro ya se ha acostumbrado a declinar, o sencillamente quiere que lo hagamos nosotros. Si te das cuenta de esto, para.

Opciones para detener conductas concretas.

Opción 1: Acompañar es tu papel. No solucionar. Recuerda el equilibrio de las parejas sanas. Prueba con un: «Vaya cariño, me imagino cómo debe hacerte sentir. ¿Qué vas a hacer al respecto?»

Opción 2: ¿Sientes que tus emociones vienen en manada para ayudarle? Necesitas regularte. Gana tiempo. Sal fuera y busca una respuesta donde ubique a esa persona en su papel. Si volvemos al caso anterior, qué le ubique de nuevo de protagonista de su vida. De su propio salvador. 

Opción 3: Practica en cosas triviales tus preferencias. Relaciónate contigo y lo que quieres: quiero entrar por esta puerta y no por esta otra, quiero ir al cine o no. 

Opción 4: Dile las cosas positivas de tu parejas y de la situación que te plantea. Al perseguidor lo dejarás desconcertado (no se ha relacionado con piropos); al víctima, le dará alas, y al salvador le aliviará. 

Opción 5: Entrena el foco de lo positivo. No te centres en lo oscuro, mira la parte clara de las cosas. 

Opción 6: Ríete contigo. Usa tu sentido del humor. Es un maravilloso aliado. Y úsalo con tu imaginación para hacer algo que te recuerde ese rol que asumes. Te cuento algo que me ayudó a interiorizar mi rol de autoexigente conmigo misma y a relajarlo: imprimí un «superman» y una foto mía. Y ahí que le planté mi cara. Durante un largo tiempo la tuve en la mesa del despacho y cuando organizaba la agenda, tenía el foco en «no eres esa, a ver qué te mandas a ti misma». Pues me reía, me destensaba y era benevolente conmigo misma. 

Mi reflexión.

Da susto. Darte cuenta que quizás hay una parte de ti que anda reproduciendo algo que  no te hace bien, no nos gusta. Pero es el paso más importante: hacernos conscientes.

Si no, corremos el riesgo de perpetuar infinito: siempre serán los demás.

«A veces, cuando de nuevo me falla una relación, sale por mi mente la idea de «¿verdaderamente seré yo por lo que no me funcionan…?». Y me incómoda esa sensación y hago por quitármela de la cabeza.». 

No estoy en ti, no te conozco. No sé todas tus historias. Pero si te has sentido identificada no se trata de buscar culpables. Se trata de lo que quieres: quieres sentirte plena, estés con alguien o no. Y sobre todo, en paz. Se trata de hacernos responsables de nosotras, de si hay algo que debo trabajar, ¡me ocupo por y para mi!.. ¿Eso será garantía de éxito en futuras relaciones, Mónica? No, no puedo decirte eso porque solo tú eres un 50% de las relaciones. Puedo decirte que serás más consciente de ti y tus procesos, podrás detectar antes cuando algo «no» e irte, y que el valor que te das será el que te den los demás. Eso sí te lo puedo decir. 

 

En las relaciones sanas: tú te ocupas de ti y yo de mi. Mi bienestar me lo coloreo yo. Sólo así cuando lo pierda sabré que tengo qué tengo que colorear YO para recuperarlo. 

¿Te has sentido identificada con alguno especialmente? ¿Te has visto dentro de relaciones tóxicas? Me encantará leerte. 

 

 

 

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