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«Tengo miedo a equivocarme». ¿Es normal? ¿Nos lleva a sobre pensar? ¿Te pasa que no haces nada o que cuando haces y  te las consecuencias nos son las deseadas…¡Pobre de ti, la que te das a ti misma!?

El miedo a equivocarme en muchas ocasiones me lleva al «overthinking» o lo que es lo mismo: sobre pensar las cosas. O lo que yo también llamo «el arte de complicarnos la vida». 

El «overthinking» consecuencia del miedo a equivocarme puede darse antes del evento («a ver qué hago para no equivocarme») o tras el evento («¿yo para qué habré hecho esto?»»¿ahora qué?»).

Hola miedo.

¿Sabes que se esconde detrás? Miedo. Miedo a defraudar, miedo a fallar, miedo a equivocarnos…

La función del miedo no es más que protegernos, avisarnos: «Oye que esto igual tiene consecuencias», «oye, que creo que vas a salir de la zona de confort»…Es ese amigo majete que te avisa y te previene de todo, y que seamos sinceros: a veces, te lo comerías y otras, lo matarías.  A veces «te ha cortado el rollo» y luego te has arrepentido por no haber hecho lo que te apetecía y otras, le has agradecido que sea tan plasta.

Tenerle miedo al miedo.

El miedo es una emoción normativa que todos tenemos. Como hemos dicho nos protege. Yo siempre digo que tenemos que sentarnos a hablar con él, de frente. ¿Qué quieres, miedo? ¿Qué necesitas? ¿En qué te puedo ayudar? ¿Alguna forma de que te sientas más seguro?.

Hay que hacerle caso, no hay que obviarlo. Pero no paralizarnos con él. Si no tuviera miedo, me habría lanzado por varios acantilados hasta llegar al mar, pero mi miedo me ha dicho que no era una buena opción porque el impacto podía tener consecuencias nefastas. Me ha protegido, ¡gracias miedo!. Otra cosa es que me de tanto miedo que ni tan siquiera suba a los acantilados de forma segura. ¿Cuántos atardeceres me habría perdido…?

Perder el miedo a equivocarme

Cuando decimos que hemos errado es porque la consecuencia a una acción o hecho que tomamos  y que nos pareció la mejor de las opciones en base a la necesidad y conocimientos que teníamos en ese momento he tenido una consecuencia desagradable o que en este momento lidiar con su consecuencia no era lo planeado. Eso quiere decir que ahora te juzgas desde la experiencia que has adquirido por ese error. Antes, al tomar la decisión no la tenías.

¿Observas la diferencia? Es como juzgarte por algo que hacías siendo niño con la edad que tienes ahora…¿Cuántos aprendizajes has añadido? Esto es lo mismo. La persona que tomó la decisión pensó que era lo mejor, la de ahora ve que no. No juzgues a la antigua versión de ti no tenía la misma información. Mejor, pregúntate qué puedes hacer con ese error: Sacar el aprendizaje para que le lleve a ser mejor versión de si misma.

La función del error

El error es la base del aprendizaje. El aprendizaje es la consecuencia de lo que has hecho, errado o acertado. ¿Verdad que cuando un niño está aprendiendo a atarse los cordones no le decimos lo inútil que es? NOOOO (al unísono todas). Asumimos que está aprendiendo que está saliendo de su zona de confort a una zona de expansión donde va asentando esa nueva habilidad. Lo mismo ocurre con nosotras. Solo que tendemos a acuchillarnos si no nos sale perfecto o la consecuencia deseada a la primera.  ¿A lo mejor es a la segunda? ¿A  la cuarta? ¿A lo mejor tienes que aprender algo de entre medias?.

¿Te das cuenta de lo crueles que podemos ser con nosotras mismas? Nos solemos decir cosas como: «¿A ver para qué hago yo esto…?»»Si yo sé esto…». Claro, es que no lo sabías solo por eso ya merece la alegría la experiencia porque has aprendido. Esa era la función de eso que te ha salido erróneamente. 

Es más, vuelve a una situación que hayas pensado de este modo. Ahora un poquito más atrás en el tiempo, al momento en el que tomaste la decisión. Sin saber la consecuencia, conecta con tu emoción de ese momento, las opciones que habían y tu necesidad, y solo con la información que disponías en ese momento. ¿Volverías a actuar del mismo modo? Seguramente sí.

El riesgo del «overthinking»: paralización

«Tengo tanto miedo a equivocarme que pienso y repienso las cosas a unos niveles agotadores. Me quedo en «shock». Tengo miedo de lo que pueda pasar. Y me quedo ahí, sin hacer nada. Solo pensando. Y no puedo saltar hacia ningún lado porque es como si tuviera que tirarme desde dos precipicios.»

Esto fue lo que me dijo unas de mis chicas hace poco. Estaba en paralización absoluta, bloqueada. Y es que cuando nuestra mente decide poner el foco y nos adentramos ahí, perdemos perspectiva. Y si a eso le añadimos, falta de confianza en mis capacidades y ser severa conmigo misma…¿Cómo vamos a decidir? Si en las opciones que me vienen a la cabeza, la mayoría son consecuencias nefastas.

¿Qué solemos hacer?

Y aquí, dejamos que muchas veces la vida, en el mejor de los casos, u otra persona decida por nosotros mismos.

Y claro, aquí está el meollo del asunto. Cuando tienes a quien responsabilizar del error es como «más fácil», ¿no?. Vivimos a la sombra del error de otros, «él dijo…», «él decidió…». Y puede ser hasta en cierto grado cómodo, si no, no lo usaría tanta gente. Pues no, es trampa: la realidad es que si te paras a pensar, el precio a pagar es caro porque, ¿quién vive tu vida, flor?.

Y aquí te voy a ser totalmente sincera, yo también fui así una época de mi vida y, ¿sabes qué es lo que me da más pena?:

  1. Dejé de ser libre. Perdí lo mejor que tenemos las personas y algo que tenemos por nacer (que no ha ocurrido siempre ni a día de hoy ocurre en todas las culturas).
  2. No me permití expresarme por el miedo al rechazo, a no ser válida, a no merecer…¿Dónde iba a expresarme?
  3. ¿Quién me conocía verdaderamente?

Me pregunto, ¿qué versión podía dar de mi? Si «mi yo» no salía afuera. Se quedaba en mi garganta, en mi pecho.

¿Sabes otra cosa que todavía me duele más? ¡Qué yo misma me rechazaba! ¡Yo me rechazaba constantemente! Me parece atroz esta idea. Aquí te hablé de la importancia del amor propio y la acción. 

Practica la autocompasión con el error

Cuando tu mejor amiga comete un error, ahí estás tú, la buena de «Flor» para decirle: «Amiga, suelta eso. ¿Puedes hacer algo ya? Pues déjalo ir».

Si tu sobrin@, hij@…alguien a quien adoras, quiere expresar su opinión, ¿le dices «déjalo estar que te puedes equivocar, quédate quieto»?. Si erra, ¿le quieres igual? Claro que sí es más conectas con una emoción que te hace aflorar gestos y palabras de cariño y amor, ¿verdad? Eso es la compasión.

 

Genial amiga, ¿te lo aplicas a ti misma?. Te voy a decir algo: los demás no pueden hacerte más daño del que te haces tú. Me explico: tomas la decisión, a veces erras, y te quedas enganchada a esa consecuencia aunque ya puedas hacer nada. ¿Quién decide alargas los pensamientos? ¿Quién decide seguir sintiéndose mal?…En definitiva, darte fuerte a ti misma.

Tengo una noticia, amiga: te lo puedes aplicar  esa compasión a ti misma y se llama autocompasión. Eso sí, tienes que entrenarte porque no nos han enseñado.

El origen del miedo a tener errores. 

Hemos crecido una cultura donde se penalizaba el error y no se asumía el aprendizaje del error. Recuerdo la primera vez que un profesor tras dar las notas del examen dedicó toda la clase a hacer el examen con nosotros analizando los puntos donde teníamos que volver a incidir de forma individualizada. No sólo nos evaluó, nos ayudó a aprender. 

En un mundo donde buscamos la aprobación y sobre todo, en la infancia que la tenemos vinculada en mayor medida a  la supervivencia, no queremos quedarnos atrás, no queremos ser el que se equivoca porque no lo asociábamos a aprendizaje…

Además, papá y mamá, raramente se equivocaban. Ellos eran Dioses para nosotros. Y eso te hacía sentir peor cuando tú te equivocabas (es decir, cuando estabas en el proceso de aprender). 

Eso ha marcado nuestro mapa mental del error. Y ahora es normal que nos cueste aprender a relacionarnos de una forma sana y responsable con el error y el aprendizaje.

En el mundo adulto me paralizo ante la idea de errar. O me frustro cuando las cosas no salen a la primera. O sobre pienso y pienso, y contribuyo al calentamiento global antes de tomar una decisión y muchas veces, ni la tomo me escudo en el «ya veremos qué pasa» o «ya pasará».

¿Con esas verbalizaciones en qué lado de la barrera te pones? ¿Eres protagonista de la película u observador?

Lo bonito del error

No es que las cosas no pasen a la primera. Es que quizás no pasen a la quinta. El tema no es errar es sacar el jugo de la experiencia (te dejo este vídeo de uno de mis ídolos). Es saber reconocer que hay cosas que no sabemos. Que existen cosas que nos pueden romper. En definitiva, tras el error está la grandeza de la vulnerabilidad.

Cuando de adolescente vi errar a alguien que quería mucho y que tenía en cierto modo idealizado, me chocó y lo humanicé. ¿Por qué el no iba a poder errar? ¿Quién era él para no hacerlo? Lo reconocí vulnerable y eso, ¿sabes con qué nos conecta? Con la compasión. Y particularmente creo que es de las mejores cosas que tiene el ser humano.

Mis grandes aprendizajes

No me los has pedido pero creo puede estar bien que me conozcas un poco más. Si no te interesa para al siguiente punto, no me voy a enfadar (je, je). 

  1. Dejé mi carrera con 19 años por decisión propia por algunas circunstancias familiares. Años más tarde con el cuádruple de esfuerzo saque mi carrera compaginándolo con las 40 horas de trabajo. Aprendí el valor del esfuerzo, a ser resiliente, a ser tenaz y poner foco. Y la enorme satisfacción personal que supuso alcanzar mi meta.
  2. Mi anorexia en la adolescencia. Me enseñó a expresarme verbalmente, a hacerme visible y a comenzar a gestionar mis emociones más allá del plato de comida.
  3. Elegí no rediseñar mi relación con mi padre tras algunos sucesos. Me hizo ver la importancia de los valores de las personas a una edad temprana. No todos podemos encajar en el mismo modelo de vida. Me hizo ver la importancia de ser consciente de tus propios valores y ser congruente con ellos.
  4. Estar más de lo que debía en una relación de pareja insatisfactoria. Me enseñó a amarme más. Me enseñó a revisar mi concepto del amor. Me llevó a querer formarme más en parejas. Me enseñó a escucharme mucho más de lo que lo hacía. Me enseñó a definir mi nicho tiempo más tarde: ayudar a mujeres a quererse más.
  5. Aceptar un trabajo estresante. Me hizo buscar alternativas para gestionar el estrés y así conocí el mindfulness (maravilla de mi vida). Me hizo que comenzara a asomarse la idea de emprender de vez en cuando por mi cabecita…

(Hay muchos más pero si quieres, te lo cuento en un libro. Mientras tanto puedes conocerme más aquí). 

Gira el enfoque

Como puedes imaginar, en todos esos momentos de mi vida (excepto en dos que ya estaba «más trabajada» interiormente) caí en el «automachaque» , «en el para qué haría yo esto». Hoy lo veo como mis grandes acontecimientos que me han llevado a ser eso que me gusta: Yo misma. Me veo y sé que soy yo, por todo esto.

Gracias papá, gracias circunstancias familiares, gracias trabajo estresantes, gracias ex-parejas, gracias anorexia. GRACIAS.

Te invito a que hagas este mismo listado con esas experiencias que te equivocaste, que te culpaste y las veas con los ojos del aprendizaje.

Que traspases de la culpabilidad que nos hace tener que «pagar por lo mal que lo has hecho» a la responsabillidad, que nos invita a hacernos cargo del «no sabía esto y ahora lo puedo aprender». 

Reflexiones.

Y por si no has tenido bastante. Quiero sintetizar varias ideas que deberían ser «verdades universales» para que te liberes cuando te entre el «overthinking».

  • Flagelarte no va impedir que cometas errores. Y yo no lo querría, verdaderamente. ¿Tú querrías saber que ya lo sabes todo? ¡Qué aburrido, Dios! Quiero vivir la vida haciéndola.
  • Que los demás decidan por ti no exime que no tengas consecuencias desagradables que lidiar (con menos intensidad emocional porque no te sientes responsable) pero…en última instancia, si Pepe te ha dicho sáltate el stop, has obedecido y sale alguien herido ¡la pena la pagas tú!. Puestos a asumir consecuencias…¡qué sean las tuyas!
  • No eres perfecta.
  • No lo serías jamás aunque solo te dedicarás a ello.
  • Que decepcionarás a personas aunque no quieras.
  • Que no todos te van a querer.
  • Que con te quieras tú, la partida ya va ganada.
  • Que esto se acaba, y que si me cruzo contigo en la vida, quiero conocer la V.O (versión original). Y sé que tú en el fondo también quieres vivir la vida así.

Eres un genio. Expresa la genialidad que eres, que eres la única combinación con tu ADN, con tu mezcla de genética y ambiente. ¿Nos vas a privar al mundo de gozarte? ¿Vas a coartar tu libertad? ¿Te vas a hacer esa faena de no permitirte relajarte y VIVIR?

Te dejo este gran vídeo por si aún tienes dudas de VI- VIR- TE. 

 

Asumamos que vivir lleva implícito el aprendizaje y este el error.

 

Me quedo con esta frase: «quiero vivir la vida haciéndola». 

Me da libertad, me da responsabilidad, me da aprendizaje, y yo doy mi presencia

¿No crees que lo más normal es que las cosas no salgan a la primera? ¿Qué es normal tener miedo ante lo desconocido? ¿Qué deberíamos cambiar la palabra error por aprendizaje desde pequeñitos? Y sobre todo, ¿cómo llevas la autocompasión?. 

¡Te leo!

 

 

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